Nóaj (Genesis 6:9–11:32)

El diluvio, el arco y la torre

La parashá Nóaj abre con un retrato breve: «Nóaj era un hombre justo, íntegro en sus generaciones; con Dios anduvo Nóaj» (Génesis 6:9). A su alrededor, la tierra «se llenó de violencia» (Génesis 6:11). Hashem ordena construir el arca, y Nóaj, su familia y los animales se salvan de las aguas del diluvio.

Al bajar las aguas, Nóaj envía una paloma, que vuelve con una hoja de olivo en el pico. Al salir del arca ofrece sacrificios, y Hashem establece con la humanidad un pacto: no habrá otro diluvio que destruya la tierra, y el arco en las nubes será su señal (Génesis 9:13). La parashá termina con la torre de Babel, cuando toda la tierra tenía «una sola lengua y unas mismas palabras» (Génesis 11:1) y la usó para desafiar al Cielo. Las últimas líneas nos presentan a Avram y a Saray, y preparan la parashá de la semana que viene, Lej Lejá.

Justo «en sus generaciones»

Rashi recoge dos lecturas de las palabras «en sus generaciones», basadas en el Talmud (Sanhedrín 108a). Para unos sabios es un elogio: si Nóaj fue justo en una generación tan corrompida, cuánto más lo habría sido rodeado de justos. Para otros es una medida relativa: en su generación destacaba, pero en la de Avraham no habría sido considerado gran cosa.

Las dos lecturas nos hablan a nosotros. La primera nos recuerda que el ambiente no es excusa: se puede vivir con integridad aunque el entorno empuje en otra dirección. La segunda nos invita a no conformarnos con ser «mejores que los demás», sino a medirnos con los grandes modelos de nuestra tradición.

¿Y cuál era el pecado de aquella generación? Rashi (Génesis 6:13) explica que su sentencia solo quedó sellada por el robo. No hablamos de grandes crímenes, sino de lo que se toma poco a poco, cuando nadie mira. Por eso la integridad empieza en lo pequeño: un precio justo, una deuda pagada a tiempo, un trato honrado con el vecino.

La paloma y la hoja de olivo

«Y he aquí una hoja de olivo arrancada en su pico» (Génesis 8:11). Rashi, siguiendo el Talmud (Eruvín 18b), pone en boca de la paloma estas palabras: «Que mi alimento sea amargo como el olivo, pero dado por la mano del Santo, bendito sea, y no dulce como la miel, pero dependiente de la mano de un ser de carne y hueso».

Es una lección de bitajón, de confianza en Hashem. El sustento que llega de Su mano, aunque sea modesto, trae consigo libertad y dignidad. La paloma no vuelve con un tesoro, sino con una señal de esperanza: hay vida de nuevo sobre la tierra.

Este Shabat en la sinagoga

  • Lectura de la Torá: Nóaj, Génesis 6:9–11:32.

  • Haftará: Isaías 54:1–10 .

  • Encendido de velas: viernes 16 de octubre, 19:03 h.

  • Havdalá: sábado 17 de octubre, 20:00 h.

¡Shabat Shalom!

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